Discos

Napoli trionfante

Raúl González Arévalo
viernes, 20 de noviembre de 2015
Max Emanuel Cenčić: Arie napoletane. Arias de Nicola Porpora (“Quel vasto, quel fiero” de Polifemo; “Qual turbine che scende” de Germanico in Germania), Leonardo Leo (“Dal suo gentil sembiante” de Demetrio; “Non fidi al mar che freme” de Scipione nelle Spagne; “No, non vedete mai” de Siface), Leonardo Vinci (“In questa mia tempesta” de Eraclea), Alessandro Scarlatti (“Miei pensieri” de Il prigioniero fortunato; “Tutto appoggio il mio disegno” de Il Cambise; “Care pupille belle” de Il Tigrane; “Vago mio sole” de Massimo Pupieno), Giovanni Battista Pergolesi (“L’infelice in questo stato” de L’Olimpiade). Concierto para clavecín en Re mayor de Domenico Auletta. Il Pomo d’Oro. Maxim Emelyanychev, director. Un CD (DDD) de 75 minutos de duración. Grabado en Villa San Fermo, Lonigo (Italia) del 7 al 14 de febrero de 2015. DECCA 478 8422. Distribuido en España por Universal
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Desde que fichó como artista exclusivo de Decca la carrera discográfica de Max Emanuel Cencic parece haberse disparado. Tras Rokoko, el recital dedicado a Hasse [leer reseña] y la integral de su Siroe, re di Persia [leer reseña], las grabaciones completas del Alessandro de Händel [leer reseña] y del Catone in Utica de Vinci [leer reseña], y una gala de contratenores [leer reseña], llega este recital dedicado a la escuela napolitana. Además, a principios de año el croata hablaba de proyectos que preveían nuevos registros de Radamisto y Arminio de Händel y Adriano in Siria de Pergolesi. Está claro que el sello ha pisado el acelerador en la carrera por la supervivencia discográfica, que tiene puestas sus esperanzas en su tirón a la cabeza de los contratenores, las nuevas estrellas operísticas dominantes, y en el inmenso repertorio barroco que aguarda ser redescubierto, en particular de esta escuela napolitana con compositores como Scarlatti (Alessandro), Porpora, Vinci, Leo, Pergolesi -presentes todos en este recital– y Hasse, que cuentan con menos registros integrales frente a la escuela veneciana, con Monteverdi, Cavalli y Vivaldi a la cabeza. 

 

Precisamente el esquema del recital sigue el que presidió su anterior grabación Venezia (Virgin Classics), justo antes de su paso a Decca, y dedicada como reza el título a la escuela véneta a la que hacía mención, con arias de Albinoni, Caldara, Gasparini, Giacomelli, Porta, Sellito y Vivaldi. En esta ocasión tenemos los nombres ya citados, representantes de la escuela napolitana, con Alessandro Scarlatti como luminaria de la primera generación, seguido por los demás en la segunda. La evolución en el estilo es patente en la selección de piezas, que incluye nada menos que diez primicias mundiales, todas las pistas menos las arias de Pergolesi y Vinci.

El gran dominante es Scarlatti con cuatro entradas, justo tributo ya que fue el máximo exponente de la escuela en su generación. A este propósito, resultan de gran interés las notas de introducción, que aclaran que los estudios musicológicos hace tiempo que por “escuela napolitana” no entienden un estilo concreto con características definidas a las que se plegaban los compositores, sino una manera de llevar a cabo la formación completa de los aspirantes a compositores, mantenida durante siglo y medio.

Como siempre sucede en estos recitales, se alternan las arias donde prima el virtuosismo con otras más líricas, de expresividad más reposada. En todo caso, ni siquiera a Porpora, a quien perjudica la fama por las arias tan espectaculares dedicadas a Farinelli, se le puede acusar de exhibición de coloratura como fin en sí mismo: el aria de Germanico in Germania -ópera de la que se habló en los medios por una posible grabación integral con Decca, esperemos que se confirme– traduce de forma más poética que literal la tempestad que sirve de comparación para expresar los sentimientos del personaje. La profundidad en particular de las arias de Scarlatti, comenzando por 'Miei pensieri', es una maravilla, como también la del aria de Pergolesi.

Como en las últimas grabaciones, Cenčić se muestra en el culmen de sus posibilidades artísticas, con un equilibrio perfecto entre la madurez del intérprete, por capacidad expresiva e introspección en el sentido de las arias, y el soberbio estado vocal, con agudos gloriosos, un registro medio carnoso y unos graves inesperadamente sonoros ('Non fidi al mar'). El magisterio técnico es soberbio, en la morbidez de la emisión, la homogeneidad del instrumento en toda su extensión y la facilidad en el dominio de la coloratura, siempre ligada y con unos trinos magníficos.

Como siempre, el intérprete se rodea magníficamente, e Il Pomo d’Oro suena soberbio de principio a fin, luciéndose particularmente en el Concierto inédito de Auletta, interpretado con gran fogosidad a las órdenes de Maxim Emelyanchyev.

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