Una gran obra, poco conocida y poco aceptada, que, gracias a una producción como la presente, está conociendo un éxito imprevisto y continuado. Seguramente será este un antes y un después en la historia de la recepción de la ópera y su autor, y asimismo se convertirá en un ejemplo de montaje destinado, espero, a convertirse en un clásico, y a ver si de una vez por todas nos dejamos de pamplinas y aceptamos cambios, pero no arbitrariedades o construcciones crípticas que más tienen que ver con los problemas personales de los dictadores escénicos que con las posibilidades múltiples -a veces no tantas- que los diferentes títulos del teatro lírico ofrecen.
Como todo es criticable y perfectible, podríamos lamentar los cuarenta minutos cortados (Gilliam dijo, en una conferencia de prensa a la que no pude, por desgracia, asistir, que se había…
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