Dos programas idénticos, interpretados por los mismos protagonistas y en días consecutivos, pueden resultar bien distintos entre sí. La música en vivo lo es porque, incluso para maestros tan controladores como Nielsen, puede verse afectada por muchos factores distintos, que combinados en modo imprevisible generarán experiencias que pueden llegar a ser dispares. He escrito en la ficha de este concierto que hubo un 60% de asistencia y he querido pecar de generoso, había menos, pero es que el día siguiente registró una gran entrada. Nada es igual con el calor del público o con ese aspecto desolador que adquieren los auditorios cuando muestran en abundancia el color de las butacas, que en el Euskalduna son de un color rojo oscuro. Al día siguiente también hubo silencio, en lugar de un insoportable ruido sordo que se filtraba al auditorio…
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