Abrió el acto el primer teniente de alcalde de Barcelona, que expuso su particular teoría del origen de la ópera (de cantos populares) y se extendió sobre la necesidad de no considerarla un hecho elitista, etc. No fue muy largo, al menos. Pero exacto, y sin una palabra de desperdicio fue el pregón a cargo de la gran Berganza (a mi lado alguien dijo ‘por fin un verdadero pregón’, y era cierto). Habría simplemente que agregar un archivo con todo él (espero que esté grabado) porque es imposible aquí dar cuenta cabal, y siempre faltaría ese duende particular que es propio de las auténticamente grandes, y que la ágil y diminuta Teresa posee en grado sumo (verla agradecer aplausos, o recibir al final el saludo y la solicitud de firmas era un espectáculo por sí mismo).
Algo nerviosa (insistió en que era peor que cantar La Cenerentola en el…
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