La Sociedad Filarmónica de Bilbao no regala la vieja tarima de su escenario ni a familiares de primer grado, salvo que musicalmente merezcan pisarlo. Solistas de cierto prestigio surgidos en el entorno inmediato de la Sociedad no han accedido nunca a presentarse en “la Filar”, y probablemente muchos de ellos no lleguen a hacerlo. Es más -aquí vuelco una impresión quizá infundada-, es posible que la proximidad encarezca el acceso, precisamente para establecer más allá de toda duda que en la casa priman la exigencia y el rigor. Ese es el contexto, y la presencia de Andeka Gorrotxategi en la temporada de la Filarmónica tenía por tanto el valor que tenía: no había en ella nada de concesión por vecindad, y de esa manera debe intentar objetivarse y evaluarse el paso del tenor por la histórica sala de conciertos.
Las Seis canciones de Tosti,…
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