Regresaban a la Filarmónica bilbaína Mitsuko Uchida y la Mahler Chamber Orchestra, tras el éxito clamoroso obtenido en su anterior presencia casi tres años antes, esta vez con un programa dedicado en su integridad a Mozart. Brillaron. La sala de conciertos de la Filarmónica responde a la perfección a este tipo de programa, y el sonido se percibe con una proximidad y una claridad extraordinarias. La orquesta es magnífica y posee un entusiasmo contagioso, alejado de cualquier atisbo de rutina. Uchida, por su parte, mantiene fresca y viva la capacidad de fascinar no sólo a los públicos de sus conciertos, sino a los propios instrumentistas de la Mahler Chamber Orchestra, que en muchos pasajes del concierto le miraban arrobados. El sonido de los conciertos de Mozart se disfrutaba en una dimensión compleja, pues en la interpretación contaban…
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