Parece difícil de creer que un título de la ‘giovane scuola’, aunque no sea ‘puro verismo’, pueda pasar la prueba de una versión sin la parte escénica. Más si se trata de la vida, novelesca y novelada, de una gran actriz de teatro francesa amada por Voltaire. Y sin embargo así fue, y con éxito.
Piénsese lo poco frecuente que es este tipo de obras aquí, gracias a la campaña de los Mortier que en el mundo han sido y de los que los han seguido por convicción o imitación (y en parte algunos aún lo hacen). La sala de Beaux Arts tiene mayor capacidad que La Monnaie y dos funciones sin ningún artista mediático podían ser un fiasco. No lo fueron. No había localidades agotadas, pero sí una buena entrada y un público dispuesto a escuchar y a disfrutar, y así lo hizo, aunque uno pueda no estar de acuerdo con todas sus apreciaciones.
Comentarios