Tras su estreno en España en una versión especial en el Festival de Peralada, que reseñé en su momento, la segunda hija rechazada del siempre excesivo Richard conoció las mieles de un doble reparto en una temporada oficial con gran despliegue de medios y de publicidad. El público pareció aceptarlo bien, aunque en los pasillos se podían oír los pareceres más diversos. No hay que pedirle imposibles, y hace mal quien la mide con la vara de la producción posterior (Rienzi comprendido), pero ciertamente, si esta no fuera una obra de quien es, permanecería hoy, con tantas otras obras de la época, en el olvido definitivo y probablemente con justicia. El caso es que, con una versión ‘reducida’ a sólo dos horas y media, mi impresión es que cuanto más se la pode tanto mejor (en ese aspecto, la versión ‘Peralada’, para entendernos, lleva ventaja:…
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