Una de las características del festival bilbaíno Musika-Música es que los conciertos son breves y se suceden a una velocidad endiablada, y ese ritmo hace necesario que los intérpretes estén muy centrados desde el primer compás. Estos comentarios aluden a dos conciertos ofrecidos en dos días consecutivos, no a un solo programa. En ese contexto, Preludio y muerte de Isolda es una obra especialmente exigente para abrir programa, porque precisa de entrega y concentración, calidad interpretativa y gran solvencia e intención en la batuta. La Sinfónica de Euskadi está en una fase dulce, y desde los primeros compases quedó claro que es un instrumento lo suficientemente profesional y maduro como para hacer bien Preludio y muerte de Isolda bajo los severos condicionantes de un festival tan peculiar como Musika-Música. Pero aunque con los pasillos…
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