Nos llevó todo el recital llegar al nivel de excelencia habitual en la cantante, pero cuando lo hizo, con la larga escena final de La sonnambula, habrán sido muchos quienes pensaran, como yo, lo que habíamos perdido con su cancelación en la última reposición, precisamente cuando debía incorporar luego la parte (lo hizo en el Met). Allí estuvo perfecta (lástima que no incluyera el recitativo que da inicio a la escena y que seguramente borda) y, curiosamente, contenida. Porque lo primero que me llamó la atención fue, con respecto a anteriores oportunidades (en todas partes, no sólo en el Liceu), su excesiva desenvoltura que además en más de un momento pareció poco espontánea. Ciertas cosas mejor dejarlas a los cantantes estadounidenses que si a veces caen en lo kitsch lo hacen con bastante o total naturalidad. La Rosina del Barbiere…
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