Si Verdi hubiera compuesto un Edipo, sospecho hubiera comenzado con el pueblo vivando a Edipo luego de matar a la Esfinge, y hubiera seguido con un dúo de amor con Yocasta, viuda del rey de Tebas. Mientras tanto Creón, el cuñado despechado por esta, urdiría con Tiresias un complot para apoderarse del trono, y sólo al final nos enteraríamos del horrendo arcano que pesaba sobre la vida del protagonista. No en el caso de George Enescu, quien cuenta la historia en un larguísimo “érase que se era” que comienza con el nacimiento y termina con la muerte de Edipo sin ahorrarnos nada. Se trata de obra lenta pero intensa en su progresión dramática, más un oratorio que una ópera y estrictamente dialéctica, porque en este Edipo se conversa y se explica todo el tiempo, eso sí, con un fraseo de contundente expresividad y un comentario orquestal…
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