La discografía de Massenet, como la de tantos otros compositores, tiene curiosas contradicciones. Hay títulos fundamentales de su producción que sólo conocen un único registro –Le Cid, Esclarmonde– y otros que ni siquiera habían sido grabados –aún está reciente Le Mage, impagable, también de la mano de Ediciones Singulares–.
Y aquí nos encontramos con la cuarta propuesta de Thérèse que, dicho sea de entrada, es la mejor de todas. La presentó Richard Bonynge con un reparto de canto y francés execrable (Tourangeu, Davies, Quilico en Decca / 1974) en un registro que daba rienda suelta a un verismo incomprensible, como si se tratara de un Andrea Chénier –¿por aquello de la Revolución Francesa?– formato reducido. La redimió Gerd Albrecht con unos sorprendentes Agnes Baltsa y Francisco Araiza en la cima de sus posibilidades (Orfeo / 1981). Y la…
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