Cada vez que regresa a su tierra, Daniel Campos, el aún joven pianista salteño radicado en Francia no solo trae su acendrado humanismo sino también la magia de su pianismo del que en distintas oportunidades he señalado su valor. Su recatada personalidad en casi todo momento común de su vida, se transforma y lo convierte en un intérprete de enorme estatura. El repertorio ofrecido fue de alta exigencia desde el intento de mostrar un abanico de más de 200 años de compositores franceses. El aspecto técnico, de gran relevancia en cualquier concierto, aquí queda relegado a un segundo plano cuando lo que se expresa en su intelecto sobre el teclado, es hacer música de efectos, estilos y épocas diferentes. Lo hizo con soltura, flexible articulación y perfecto manejo del pedal, denotando su cercanía con la elegancia, el refinamiento, la intima…
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