¿Hay alguna ópera mas boba y pueril que este intento cómico de Berlioz? ¿O fue esta nueva producción la contribuyó a acentuar los problemas de una creación musical teatralmente defectuosa? Si de música se trata, no faltan en esta creación algunos números maravillosos. Pero ópera es teatro y mas que nunca, creo, cuando se trata de la ópera cómica francesa. Basta que el espectador se dé cuenta que el compositor o el regisseur están tratando de hacerle reír para que todo se desmorone. En este caso, los protagonistas copiados de Shakespeare son una pareja que comienza tirándose una catarata de pullas para terminar comprendiendo que su recíproca agresividad es en realidad un flirteo de dos amantes temerosos de perder su libertad. Por supuesto que finalmente deciden perderla: Ah l’amour! El problema es que la sutileza y circunstancia teatral…
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