Discos

Kagel, el imprevisible

Paco Yáñez

lunes, 8 de agosto de 2016
Mauricio Kagel: Improvisation ajoutée; Rrrrrrr...; General Bass; Phantasie. Dominik Susteck: K-A-G-E-L. Dominik Susteck, órgano. Tobias Hagedorn y Boris Heinrich, asistentes. Werner Holter, Stephan Schmidt y Dominik Susteck, banda magnética. Frank Kämpfer y Rolf W. Stoll, productores. Wolfgang Rixius, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 73:07 minutos de duración grabado en la Kunst-Station Sankt Peter de Colonia (Alemania), del 7 al 9 de abril de 2014. Wergo WER 7345 2.

En Mundoclasico.com saludamos siempre con gozo los lanzamientos discográficos de un maestro al que tanto apreciamos como a Mauricio Kagel (Buenos Aires, 1931 - Colonia, 2008). Si dichos lanzamientos, además, registran partituras de su catálogo poco frecuentadas en disco compacto y se ofrecen con una excelencia técnica y artística como es el caso, entonces el gozo se convierte en celebración, además de en invitación a conocer en mayor profundidad la obra de un creador impredecible por su indómita libertad artística, tal y como uno mismo sostenía en estas páginas en junio de 2008, pocos meses antes de la muerte del maestro argentino: «Si a día de hoy me preguntaran por un compositor del cual sería incapaz de predecir la estética, concepto o sentido de su próxima obra, creo que sin dudarlo un instante contestaría Mauricio Kagel».

El organista y compositor alemán Dominik Susteck (Bochum, 1977) es quien nos guiará hoy por esos universos imprevisibles, heterogéneos y geniales de Mauricio Kagel, tal y como lo hizo cuando en mayo de 2014 reseñamos su excelente compacto dedicado a la obra para órgano de György Ligeti (Wergo WER 6757 2), verdadera reinvención del compositor húngaro, como lo han sido sus versiones de Karlheinz Stockhausen (WER 6736 2), Wolfgang Rihm (WER 6751 2), Adriana Hölszky (WER 6789 2), o Gerhard Stäbler (WER 7315 2), siempre apoyado en el excelso órgano de la Kunst-Station Sankt Peter de Colonia (cuya disposición se especifica con todo lujo de detalles en cuatro de las páginas de esta edición del sello Wergo). Se trata de un órgano, como ya señalamos en nuestra reseña de Ligeti, especialmente idóneo para la música avantgarde, por su estabilidad, apoyo eléctrico e informático, y amplitud de registros, capaces de extraer y combinar texturas inauditas en el instrumento; de ahí que páginas que reformulan el timbre y el carácter del órgano, como las de Kagel o Ligeti, se antojen idóneas para poner sobre el atril de un Dominik Susteck que vuelve a dar una lección magistral de técnica, musicalidad e inventiva; sin que ello exima el conocimiento de versiones históricas de la música de Mauricio Kagel, como las registradas en los años sesenta por Gerd Zacher (Wergo WER 6645 2), con pleno sabor y estilo de esa década en música prodigiosa, pero que diría no tan detalladas ni impactantes como el registro que hoy reseñamos, de una perfección abrumadora y unos paisajes sonoros acongojantes...

...ello es audible de forma especial en la primera de las partituras aquí reunidas, obra que supuso un verdadero escándalo en su estreno: Improvisation ajoutée (1962). Un órgano exprimido hasta lo irreconocible, en racimos de notas desgarradas, histriónicas y vehementes, es acompañado por el despliegue vocal de dos asistentes que añaden un coro de murmullos, palmadas, estornudos, carcajadas, silbidos y, sobre todo, unos alaridos que pertinentemente podríamos incorporar a la audioguía que utilicen quienes estos días visiten la soberbia exposición de Jheronimus Bosch en el Museo del Prado, pues pocas músicas condensarán una visión infernal con tal desgarro y angustia como lo hacen muchos de los compases de Improvisation ajoutée, perfecta sonorización para las apocalípticas tablas diestras de los trípticos del neerlandés. Además de esos gritos, que parecen proferidos por los torturados en los avernos bosquianos (y que Kagel quería sonasen como alaridos de dolor, cual si proferidos por mutilados y heridos, como en su partitura coral Anagrama (1957-58), con una visión desgarrada del cuerpo humano que incardinaba en la contrarreforma religiosa; por tanto, tan afín al mundo del Bosco), Improvisation ajoutée se sirve de dichos asistentes para activar los registros del órgano a una velocidad que el organista sería incapaz de efectuar, pues la demanda en teclados y pedales es, de por sí, también endemoniada, por lo que los cambios de color y sonoridad sintetizados a seis manos son fulgurantes, acerando esa sensación de vértigo, pesadilla y delirio que el efectivo vocal de por sí agudiza. Dominik Susteck y sus asistentes, Tobias Hagedorn y Boris Heinrich, brindan de forma impactante tanto los compases determinados como aquellos abiertos a la improvisación en diversos grados (algunos complementarios y en balance entre teclado, registros y efectos vocales), rubricando una lectura referencial llamada a perdurar. Algo más rápida que la versión de Gerd Zacher (15:20 minutos, por 12:07 de Susteck), esa celeridad se convierte en trepidante catábasis de la que ningún oído sensible puede quedar indemne.

La improvisación libre, la notación gráfica y las áreas determinadas se alternan en otra partitura de rotunda fuerza, como Phantasie (1967), obra que incluye, a modo de obbligati, dos bandas magnéticas que sonorizan la vida cotidiana del organista. De este modo, se registran los sonidos que rodean a Dominik Susteck a lo largo del día: las campanas de una iglesia, la caída del agua (ducha o lluvia contra un cristal), una tostadora, el metro, la subida de los escalones hasta el órgano y la activación de los registros, las emisiones de radio y televisión (afortunadamente para la versión, alemanas), el hojear las partituras..., así como una ceremonia religiosa al final de la pieza: oficio sonoro cotidiano para un organista, como el propio instrumento, presente en esta versión en los últimos compases sin Susteck al teclado, gracias a las posibilidades del moderno dispositivo de la Kunst-Station Sankt Peter, que permite activar el órgano desde un registro informático sin presencia del músico. De este modo pretendía Kagel desdibujar las fronteras entre el arte y la vida real (donde el arte parece, ya en la segunda década del siglo XXI, más real y tangible que tanta virtualidad como ha colonizado nuestra cotidianeidad; con frecuencia, hasta el absurdo, y echen una mirada, si no, estos días a nuestras calles), creando una banda sonora de la jornada laboral de un músico; aquí plenamente audible gracias a las muy cuidadas tomas de sonido (por tanto, partitura que se incardinaría en el Kagel más atento a las realidades sociales). Por lo que a la parte propiamente organística se refiere, no alcanza Phantasie la variedad e inventiva de Improvisation ajoutée, una pieza de mucho mayor enjundia (en mi opinión, la gran pieza para órgano del argentino).

General Bass (1972) fue escrita por Mauricio Kagel para instrumentos de registro grave que pudiesen sostener un tono durante un tiempo prolongado, de ahí que el órgano se antoje idóneo para esta pieza cuyo título y sentido podríamos acercar al del bajo continuo barroco (tantas veces efectuado por el propio órgano). Así, en sus poco más de 8 minutos de duración, escuchamos una sucesión de alturas que movilizan lo más cavernoso y ronco del instrumento, en una dinámica por Kagel señalada para toda la partitura en ppp, si bien al abordar intervalos -aunque graves- en ocasiones severamente discrepantes, tendremos la habitual sensación de que altura y dinámica se 'contaminan', y que los registros más agudos se atacaran, al menos, en pp o p. Como es habitual, resulta complejo determinar la gradación dinámica con total precisión en un teclado, como escucharlo en su rango exacto, si bien es uno de los retos que Kagel planteaba en ésta, una de sus piezas de deconstrucción de los rituales que se han estandarizado en la vida de concierto, tal y como tantas de sus propuestas han realizado; eso sí: desde el pleno conocimiento de la tradición y el medio, pues la subversión, la crítica y el fino humor de Kagel provienen de un profundo saber y de una inserción muy consciente en la historia, reconceptualizada y ensanchada en sus propuestas dramáticas, fílmicas, ensayísticas y musicales.

Si General Bass resultaba profundamente ascética, con su sucesión de tonos graves aislados (de reminiscencias cageanas), Rrrrrrr... (1980-81) se muestra como una floración musical de imprevisibles rutas, ya sean paródicas, austeras, sensuales, etc. Típico ejemplo del Kagel tardío, de nuevo estamos ante una partitura que dialoga en profundidad con el pasado y su infinita galería de estilos musicales, en cuya fonoteca entra Kagel como su compatriota Borges lo hacía en el gran bosque de las letras, de cuya biblioteca emergía con alardes de intertextualidad y profusión de diálogos entre personajes de autores y tiempos dispares. Las ocho piezas para órgano de Rrrrrrr... aquí recogidas se cargan, igualmente, de una suerte de nostalgia (que diría muy argentina, muy porteña, con ecos sublimados del tango) que lo penetra todo, como una aguda curiosidad por reescribir ciertos recursos musicales, al modo en que lo harían los antiguos enciclopedistas, en los que estas piezas se inspiran, tomando 41 palabras que comienzan por la letra R sobre las que Kagel compone una breve definición musical para distintas instrumentaciones. Dominik Susteck se adentra en la enciclopedia musical kageliana haciendo música de las entradas 'Raga', 'Rauschpfeifen', 'Repercussa', 'Ragtime-Waltz', 'Rondeña', 'Ripieno', 'Rosalie' y 'Rossignols enrhumés'; músicas de reminiscencias afroamericanas, hispanas, o hindúes atacadas por Kagel con un sentido del ritmo y de la construcción fascinantes, en su compleja multiplicidad cruzada de referencias. Ya movilizando el órgano al completo, como en 'Ripieno'; ya con una música al tiempo elegante, cálida y sensual, como en 'Ragtime-Waltz'; ya en nuevos guiños históricos e investigaciones tímbricas, como 'Rauschpfeifen', todas estas piezas presentan al maestro en su madurez, pleno de poderes y recursos, como demuestra una conclusiva 'Rossignols enrhumés' en la que el instrumento de Colonia se convierte, en manos de Susteck, en todo un canto aviar de un virtuosismo impactante, capaz tanto del canto más delicado como del más abrumador vuelo organístico. De nuevo, soberbia lectura que completa esta visión en cuatro partes de la música para órgano de Mauricio Kagel, con estéticas y sentidos tan heterogéneos entre sí como hasta aquí hemos visto, con su progresivo despojamiento hacia unas miniaturas en las que implosiona todo un concepto de la historia. «Hoy escribo una música que tiene, aun siendo otro tipo de lenguaje, la misma garra y la misma densidad, y la misma necesidad de vivir», nos decía Kagel en mayo de 2008.

Complementa este acercamiento a la música de Mauricio Kagel la improvisación para órgano K-A-G-E-L (2012), del propio Dominik Susteck, que toma las letras que conforman el apellido del argentino para lanzarse a improvisaciones en las que se retoman pasajes de las partituras antes reseñadas. Así, en 'Krachen' es imposible no escuchar el mundo torturado y apocalíptico de Improvisation ajoutée, también con sus paralelos asistentes en fonéticos y alaridos tan perturbadores como lo fueran en la pieza que sirve a Susteck de punto de partida. En sus más de 23 minutos, K-A-G-E-L es una improvisación de largo recorrido, por lo que más piezas del bonaerense se asoman a esta re-creación, como General Bass a 'Aura', cuyo título ya nos da pistas de sus cromatismos expuestos lentamente con una brocha de graves y sostenidas resonancias, aquí ligeramente punteadas sobre el trazo más denso con apuntes de alturas agudas. Magnífica guinda, la que improvisa Susteck, para todo un regalo fonográfico como éste.

Las tomas de sonido, realizadas en la Kunst-Station Sankt Peter de Colonia, son verdaderamente excelentes. El órgano adquiere una presencia impresionante y la definición de sus registros es nítida y muy bella, como presentes se hacen tanto los asistentes en Improvisation ajoutée como las bandas magnéticas en Phantasie. Al igual que en el compacto dedicado a György Ligeti, en el libreto se incorpora un magnífico ensayo a cargo de Ingo Dorfmüller, además de diversas fotografías, datos técnicos, discografía y la antes mencionada especificación de la disposición del órgano de la Kunst-Station Sankt Peter. Una nueva invitación, por tanto, para transitar las tan prolijas como heterogéneas sendas acústicas que recorrió un maestro como Mauricio Kagel; además de poder realizarlo en las interpretaciones de uno de los músicos llamados a sentar cátedra (como ya lo hace) en el órgano del siglo XXI, con lecturas de una excelencia y una lucidez encomiables.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Wergo.

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