El prodigioso dominio técnico que posee Lang Lang es indiscutible, pero siempre he pensado que éste debe ser utilizado no como un fin en sí mismo sino sólo como un recurso para alcanzar un óptimo resultado artístico. Esto no parece ser así para el pianista chino, que se delecta con fruición en ofrecernos un producto edulcorado y empalagoso; quizás todavía algo inmaduro para canalizar su indudablemente portentoso talento, se permite grandes libertades y exageraciones. Su quehacer es un largo encadenamiento de efectos, cascadas de notas perfectamente cinceladas por un lado, súbitos cambios dinámicos por otro, que van desde perlados y etéreos pianísimos hasta vigorosos exabruptos, especialmente en su mano izquierda, con la que a veces asesta mamporros muy contundentes. Una mega figura con el perfil de una estrella de rock -extravagante,…
Comentarios