Voces niñas de una Sonata en Do mayor de Mozart viborean entre libros y discos. El viejo maestro inclina sus calvos pensamientos sobre el pequeño teclado. "Esto me hicieron tocar cuando tenía casi seis años", dice con alegría. En la soledad de ese diminuto cuarto, donde hay una mesita, un sillón, algún cuadro, una repisa con químicas pipetas, Carlos Guastavino ha sacado a la luz durante varias décadas la música que aún titila en su corazón.Tiene 84 años y es el más grande compositor argentino vivo. Tal vez lo sabe, pero prefiere hablar de otros temas. Alto, ligeramente encorvado, quizás por el peso de los pentagramas, abre la ventana de los recuerdos para dejar entrar una canción: "Bonita rama de sauce, bonita rama de amor. Nunca floreció, que siempre se quedó diciendo adiós. El río pasa y la peina, el río la jura amar. La rama le da sus…
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