Quizá porque Herreweghe consumió toda su prisa en la Novena de Beethoven que dirigió en el primero de sus dos programas en Quincena -el segundo es el objeto de esta reseña- no hubo grandes sobresaltos con Beethoven, Haydn y Brahms, que discurrieron por caminos ortodoxos (Beethoven), mágicos (Haydn) y asfaltados (Brahms). La consagración del hogar es una obertura que rinde homenaje a tiempos musicales pretéritos y que con Herreweghe resultó ordenada hasta lo caligráfico y algo aséptica, sin limpiar ni ensuciar, sin restar ni aportar, mostrando la calidad de las maderas de la orquesta y expresando una alegría cuanto menos mesurada, digamos que un alborozo, al tiempo que evidenciaba sus hondas raíces barrocas de manera casi docente. Pues bueno.
Cuando Isserlis puso el primero de sus dos pies sobre el escenario la obertura de Beethoven se…
Comentarios