Era la primera vez que asistía a un espectáculo en la Usina del Arte, un edificio totalmente rehabilitado que incluye un par de salas de concierto -una sinfónica y otra de cámara- así como diversos lugares para múltiples actividades afines. Conserva su añoso a la vez que sobrio aspecto exterior pero es funcional por dentro; el inconveniente más serio es su ubicación, en un barrio del sur de la ciudad de Buenos Aires alejado del centro, de difícil acceso y desprovisto de servicios: no hay restaurantes ni cafeterías en su derredor y localizar un taxi para regresar es ‘misión imposible’.
La sala mayor, donde se desarrollan los conciertos sinfónicos, es cómoda pero bastante desangelada, dejando entrever sin disimulo su pasado fabril, con vigas y tirantes a la vista. El sonido de la orquesta se percibe algo agresivo y reverberante, pero llega…
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