Tras una nueva reposición de La flauta mágica mozartiana en la versión (casi idéntica) que cerró la temporada anterior, la nueva comenzó de verdad con esta producción proveniente de Ginebra (Gran Teatro), de las más ‘conservadoras’ de su autor, adecuadamente agobiante, en blanco y negro, con algunos momentos muy bien resueltos, aunque poco hay en realidad de la comentada evocación de la Rebeca de Hitchcock . Una escena única dividida en tres partes que en muchos casos sirve para que el cantante de turno pueda cantar en el proscenio mientras, tras un telón transparente, la acción sigue o se detiene, tiene mucha sugestión, pero algunos inconvenientes (principalmente en la escena del banquete: si uno puede aceptar que la primera escena del segundo acto se desarrolle en los preparativos en la propia sala, es más difícil que tenga alguna…
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