El inicio del programa nos deparaba un nuevo capítulo de la serie de “shows” a los que nos tiene acostumbrados este locuaz e histriónico director mexicano que hace casi una década guía los destinos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Apenas saltó -literalmente hablando- al podio y se presentó frente al público con ese ampuloso y categórico gesto, característico de un torero, con el que saluda a sus seguidores, hizo uso de un micrófono, estratégicamente dispuesto a tal efecto, para brindar su explicación de lo que se iba a interpretar. Pero allí no terminó el espectáculo que tenía preparado para esta oportunidad, porque durante el Danzón de Márquez y tal como nos había anunciado en su alocución, hizo algunos discretos pasos de baile en el podio, colocándose una mano en la cintura; moviéndose de esa guisa, más bien parecía que…
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