Resulta difícil de creer que dos conceptos musicales tan distintos como el de Pinchas Zukerman y el de Pablo Ferrández puedan llegar a mirarse frente a frente y lograr un resultado feliz; pero se consiguió, sobre todo porque el temperamento del primero, más que flexible, tira a neutro, y el de Ferrández, que es una genuina —y trabajada— expresión del yo, disfruta de cancha libre con ese acompañamiento en donde todo está en su sitio.
El estilo de Ferrández satura de información musical lo que aborda: cada frase se piensa y se exprime al máximo, pero teñida por una pátina de sinceridad y de permanente consecución del efecto deseado, y por ello no llega a abrumar: es liberador escuchar al que a su vez se siente libre para expresar su personalidad musical, sobre todo si existe la suerte de que en esa personalidad ya aparece, moldeado y…
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