Se dice pronto, pero un cuarto de siglo es mucho en cualquier caso. Y más para una voz. El retorno del barítono siberiano ha sido un acontecimiento, además de haber acabado con varios ramos de flores de gentiles y arrobadas admiradoras, que gentilmente entregó a la orquesta. Una personalidad desbordante, franca, sonriente, al parecer por encima de avatares graves de salud que todos le deseamos superados definitivamente. E, incidentalmente, qué gratificante escuchar partes de barítono cantadas por un barítono. ¿Y la voz? Tal vez algo menos caudalosa, algo más oscura (en algunos momentos hasta deliberadamente oscurecida y algo engolada), con un agudo menos espontáneo, pero una respiración extraordinaria (salvo, quizás, en algún momento de Verdi, donde acomodó el fraseo para mayor comodidad. Lo mismo ocurrió en el final del fragmento…
Comentarios