Arcadi Volodos es sin duda un pianista portentoso, pero en su velada bilbaína quizá se mostró más portentoso que pianista. Resultan abrumadores estos pianistas excepcionales capaces de recorrer con prodigiosa facilidad cualesquiera páginas pianísticas; de tener que hacerlo, si así se terciara, lo harían sobre un alambre, en un ejercicio de funambulismo sonoro. Son un alarde, una exhibición, atletas superdotados de las 52 teclas vallas. No abundan, es cierto, pero tampoco escasean estos prodigios.
Mientras demostraba su pasmosa facilidad, su señorío técnico, el prodigioso Volodos transmitía cierta sensación de cansancio, de falta de entrega, incluso de indiferencia ante el hecho de estar tocando ante el público. Frío, distante como si al piano se sentara el autómata de un pianista, las deliciosas Papillons de Schumann, quizá la obra en…
Comentarios