Había cierta expectación por escuchar a la Sinfónica de Massachusetts, por eso de que las orquestas americanas suenan tan bien y tal. Lo cierto es que mal, lo que se dice mal no sonó, pero si se hubiesen traído a la otra media plantilla que se dejaron en casa quizá la cosa hubiera ido un poco mejor. La orquestación de Grofé -con mucho metal- de la gershwiniana Rhapsody in Blue podía funcionar con aquel conjunto, pero las Danzas sinfónicas de la 11 veces oscarizada y el Hoe-Down del Rodeo de Copland necesitan algo más que los quince violines, seis violas, cinco violonchelos y 3 contrabajos con que la de Massachusetts se fue de gira por la beautiful Spain.Y es que el concierto tenía un tufillo a bolo bastante evidente: solo había que fijarse en la desigual trayectoria de los arcos en muchos momentos, en el ultimo atril de violines -el…
Comentarios