Si uno juzga por la audiencia convocada y el aplausómetro, de los tres recitales realizados hasta ahora, este fue de lejos el mejor. Yo, personalmente, creo lo contrario. Por empezar porque en los anteriores (Horovstovsky y Keenlyside) los criterios eran claros, musicales; en uno las arias de ópera con orquesta, en otro un ejemplar recital liederístico con piano. Aquí puede entrar el vértigo: no sólo porque habría que meditar mucho para saber qué pintan canciones de Rachmaninov (cuatro) entre un barroco de Vivaldi (Bajazet, ‘Sposa son disperata’) y la gran ópera romántica de Massenet (‘Pleurez , mes yeux’ de Le Cid), o, en la segunda, canciones tradicionales americanas armonizadas por Copland entre la gran aria de la protagonista de Rusalka (Dvorak) y ‘La mamma morta’ de Andrea Chénier de Giordano. Y todo había comenzado con la entrada…
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