A una amiga japonesa que vive en Alemania, musicóloga y muy aficionada al baile flamenco, le preguntaba yo un día por qué siente tanto amor por una danza que poco o nada tiene que ver con su cultura. Y ella me dio una explicación tan reveladora que no olvidaré jamás: “es que el baile flamenco me permite expresar todo lo que llevo dentro de mis entrañas, mis emociones más íntimas, y cuando zapateo con todas mis fuerzas, con toda mi furia, mi energía y mi rabia, aplasto todas mis frustraciones, miedos y recelos y me libero de ellos para siempre; son estados de ánimo y sentimientos que no puedo exteriorizar con la educación que he recibido en Japón, tan contenida, tan reprimida, tan influida por el shintoísmo y el budismo zen“.
Puede ser que todo esto tenga que ver también con la denominada flamencoterapia, hoy tan en boga, y que de algún…
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