España - Cataluña

Un nivel entre aceptable y muy bueno

Jorge Binaghi
lunes, 23 de enero de 2017
Barcelona, viernes, 20 de enero de 2017. Gran Teatre del Liceu. Concurso Viñas 54 edición. Prueba final: 21 finalistas y diversos pianistas acompañantes
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Misma cantidad de finalistas que el año pasado, once de ellos voces masculinas graves, una sola mezzo, sopranos, tenores, bajobarítonos, barítonos y un bajo. La mayor parte provenientes, como es costumbre últimamente, de Corea del Sur y el área eslava y centroeuropea.

El nivel fue entre aceptable y buen o muy bueno, aunque yo tendría dificultades para elegir claramente un primer premio, un segundo, una mención ya que ha habido, desde mi punto de vista, un grupo de voces interesantes y depende de lo que se pretenda encontrar pueden predominar unas u otras. Con un jurado donde la minoría son cantantes, además, los criterios pueden ser bastante dispares. Desconozco, como siempre, los resultados, que pocas veces se han ajustado, salvo en un par de casos, a mis preferencias. Quienes lean encontrarán por separado, no sé si antes incluso de leer estas líneas, la lista definitiva, que incluirá los votos del público, y que tendrá a su cargo el concierto de clausura del domingo 22, al que también asistiré.

Vuelvo a decir que “los coreanos …., parecen tenerse aprendidos gestos idénticos en piezas distintas, lo que hace que su ‘naturalidad’ quede afectada.” En esta ocasión hubo dos participantes que eligieron las mismas piezas (Madamina y el aria del protagonista de El príncipe Igor) de distinta nacionalidad, pero que para algunos de los momentos del aria de Mozart hicieron los mismos gestos; ambos se presentaron como bajobarítonos, pero uno era más bien lo primero y el otro lo segundo (y de ello se derivaron algunas tensiones en diferentes momentos de los números escuchados). 

Si bien Grace Bumbry, uno de los jurados, dijo en la conferencia de presentación, que le parecía que los jóvenes cantantes estaban ahora más preocupados por su físico que por estudiar y por su técnica, esta vez no hubo vestidos exagerados ni todos lucieron palmito.

Si bien nos evitamos muñecas offenbachianas y valses de Julieta reiterados, tuvimos tres versiones de la cavatina de entrada del protagonista de El barbero de Sevilla, dos del aria de furor de Electra en Idomeneo, y dos del aria del veneno de Julieta en la ópera de Gounod. Tres fueron los pianistas acompañantes en la mayoría de los números (los usuales Stefano Gianni, Marta Pujol y Anna Crexells -todos eficaces, pero los nombre por el orden de mayor rendimiento artístico desde mi punto de vista-), más una pianista rusa para la soprano de ese origen, y otra polaca para el barítono del mismo país, cuyos nombres no alcanzé a distinguir y no he encontrado escrito en ningún lado: algo enfática la primera, y muy musical la segunda, ambas con resultados entre buenos y notables.

No entraré a reseñar uno por uno a los concursantes. Diré, en general, que algunos no supieron elegir bien el orden y/o el tipo de piezas que presentaron. Si alguien presenta dos páginas como Celeste Aida o La vita è inferno, dos ‘huesos’ verdianos, con buenos medios, debería pensar que para elegir una emisión a la Del Monaco hay que ser Del Monaco. Más interesante fue comparar las versiones del Fígaro rossiniano: del lado del Este se propuso, con diferencias entre ambos intérpretes, un enfoque más ‘tradicional’, mucho más voluminoso y sonoro, que en el caso del español. Carles Pachón cantó con buen gusto y correcta expresividad ese aria aunque la del Conde de las Bodas mozartianas fue menos lograda (le faltó nobleza y autoridad en el fraseo, el trino nos lo imaginamos; tiende a veces a torcer la boca). Mikheil Kiria estuvo demasiado ‘bufo’ en su Fígaro rossiniano, pero la voz impresionó, y lo mismo ocurrió en ‘Di Provenza’ de Verdi, donde realizó algunas medias voces notables, pero, defecto común en otros candidatos y no sólo en esta ocasión (y también en cantantes de carrera profesional) su voluntad de causar efecto en la nota final con un calderón interminable determinó un problema de afinación.

Y así llegamos a una de las actuaciones que me han parecido más sobresalientes: Petr Sokolov, también de Rusia, pero con muy otro talante hizo un Fígaro sí tradicional, también con medios esplendorosos, pero siempre musical, lo que confirmó con su elección del aria de Andrei de Guerra y paz (me parece siempre signo de gran coraje e inteligencia apartarse de las elecciones más ‘seguras’, que no suelen serlo tanto). El tenor checo Petr Nekoranec dio una versión exquisita (con algún vibrato rápido al inicio) de la gran aria de Nadir de Los pescadores de perlas (y, si eso, como creo, indica algo, fue uno de los pocos momentos en que se lo siguió con un silencio cargado de atención); su Lindoro de La italiana en Argel, muy bueno, pareció no ser el tipo de papel más indicado en su caso. Un jovencísimo Xabier Anduaga, que ya me había impresionado en Pesaro, demostró en cambio que su Rossini tiene un nivel elevadísimo en la difícil aria de Ramiro de La cenerentola (no sé si los nervios o alguna exigencia técnica que seguramente resolverá hicieron parecer un par de agudos -en especial el que cierra el número- un poco estrechos). Su versión de ‘No puede ser’ de La tabernera del puerto fue estupenda, sobre todo porque en vez de convertirla en un número circense encaró ‘los ojos que lloran’ con un intimismo y una línea notables.

Entre las señoras la albanesa Elbenita Kajtazi hizo una muy buena escena de la locura de la Lucia de Donizetti, pero siendo una lírico ligera no debió haber elegido el aria de Magda de La rondine, ya que si el sueño de Doretta requiere filados en agudo el papel es de una lírica plena y en las otras frases faltó fuerza, color e intención. La única mezzo, la estadounidense Catherine Martin, tiene una figura parecida a Susan Graham, pero tiene un agudo claro y metálico, más bien de soprano, y pocas veces centro y grave encontraron el apoyo y aplomo necesarios para dos roles tan disímiles como la Fricka wagneriana y la Leonora de La favorita. La guatemalteca Adriana González, muy medida, resolvió muy bien el Aria de la luna de Rusalka, aunque el color es un tanto mate y sólo uno de los pianísimos fue espléndido; en cambio, con un buen francés, destacó en el aria del veneno ya mencionada con un buen trino. Elena Bezgodkova, de Rusia, ofreció una interesante ‘D’Oreste, d’Ajace’ de Idomeneo, con una voz casi ideal para la parte pero una emisión ‘eslava’ y un italiano poco feliz; muy bueno su arioso de Iolanta, que, sin embargo, no es lo ideal para terminar una actuación. Lo mismo le ocurrió a la serbia Tamara Banjesevic, que empezó con el aria de Adina de L’Elisir d’amore para concluir con la escena de Anne de The rake’s progress. El bajo georgiano George Andguladze tiene un volumen mediano, pero timbre bello, grave sonoro y buena proyección, y los hizo valer en ‘Il lacerato spirto’ de Simon Boccanegra y el aria de Gremin de Eugenio Oneguin.

Un caso aparte fueron los dos candidatos a lied y oratorio. Tuvo muchos aplausos el coreano Junhan Choi, que cantó bien, correctamente, pero en mi opinión de modo constantemente uniforme (que suenen igual de planos el lied inicial del Winterreise y el Erlkönig de Schubert –sin el menor intento de caracterizar las tres voces- me parece poco feliz); había iniciado su actuación con una estimable, pero en absoluto memorable versión de ‘Thus saith the Lord’ del Mesías, en donde Giannini estuvo por debajo de su habitual nivel de excelencia como acompañante. En cambio, el polaco Lukasz Hajduczenia, de buen color aunque tal vez alguna limitación en el agudo, tuvo no sólo una interpretación matizada sino los arrestos de elegir dos Chaicovskis poco escuchados (Reconciliación y el monólogo de la cantata Moscú) y nada fáciles y terminó con una de esas maravillas de su aún mal conocido compatriota Szymanowski (Mi canción nocturna): me temo que eso, en vez de servirle de mérito, juegue en su contra, ya que tuvo un buen aplauso pero en absoluto la cantidad y calor que consiguió su colega con un repertorio más ‘tradicional’ y ‘variado’ (al menos en la propuesta, no en la ejecución).

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