Las sensaciones físicas y anímicas que pueden generar los conciertos pueden ser de lo más variadas, aunque en general tienden a converger hacia un buen estado de ánimo por la satisfacción de un buen concierto, o hacia uno menos optimista debido al aburrimiento o enfado que puede causar un espectáculo fallido. Cuando estas correlaciones fallan, al menos quien firma estas líneas se encuentra en un frágil equilibrio entre placidez y desasosiego. Muy pocas situaciones semejantes recuerdo haber vivido anteriormente –por ejemplo, la primera vez que escuché Construction in space de Olga Neuwirth, en Venecia–, por lo que enfrentar desde la escucha Face de Pierluigi Billone fue todo un rencuentro con una sensación paradójica: salir de la sala con una sensación angustiosa de fondo, sintiendo al mismo tiempo el haber podido disfrutar de un…
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