Jonathan Nott acaba de desembarcar en la Orquesta de la Suisse Romande como director titular, y el concierto de San Sebastián era al parecer el primero de esta gira. Orquesta y maestro tenían razones de sobra para desear gustarse, entregándose y prometiéndose tiempos felices. Hay algo de cortejo o quizá de encantamiento en esas primeras complicidades, pero lo importante vendrá más adelante. Actualmente el sonido que más escuchan los maestros, sobre todo los que compaginan varias titularidades, es el prolongado, sordo y grave ronquido de los motores de los aviones, pero incluso pese a esa poderosa traba siempre hay que esperar que el trabajo de un buen maestro vaya cuajando y que los proyectos evolucionen en positivo. Así, es de esperar que la Suisse Romande supere con Nott su actual más que digna medianía y avance al encuentro de…
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