Empezar por el final. No es frecuente, pero en este caso es revelador. Si, aunque dieron lo mejor que pueden ofrecer en todos los números, lo que más destacó fueron los dúos de Verdi (los de I Vespri Siciliani –tercer acto, Don Carlo –ambos en su versión italiana- y Otello), y los tres fueron excelentes, destacó más, no sólo porque concluía el programa del concierto, el de la última ópera nombrada. Tanto, que fue el último número que ofrecieron como bis ante la insistencia de la sala. Y salió mejor –si era posible- que la primera vez. Fue casi la venganza, no sé si de Dios, pero sí de Verdi y su obra maestra, que en la temporada anterior fueron maltratados de modo apabullante: así es como deben sonar Otello y Yago, y así deben ser las voces –y los artistas- que los interpreten en un gran teatro lírico como el Liceu pretende…
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