Algunas cosas cambian para bien. No creí nunca posible que me tocaría escribir más de una reseña, con suerte, de la única obra lírica de Fauré, pero no sé si es el gusto por ‘cosas raras’, o la existencia de una protagonista como Antonacci y un director como Plasson, el caso es que esta ópera ha vuelto a la ciudad que la acogió primero después de su país de origen, y con gran éxito.
Tal vez sea mejor la versión de concierto porque el libreto presenta, sin duda y pese al original de Homero, algunas debilidades del tipo de lo que se puede considerar ‘falta de acción’, y ciertamente participa del clima de la época de composición (¿cómo iba a ser de otra forma?), que hoy resulta a veces demasiado relamido o ‘exquisito’ hasta el artificio.
Comentarios