Que la Resurrección iba a seguir derroteros solemnes y de fuerte intensidad emocional quedó claro ya en los primeros compases del primer movimiento del concierto inaugural de Musika-Música, una cita anual plenamente consolidada en Bilbao que este año se centraba en Bohemia, y que una vez más ha convertido el enorme auditorio y otras salas del Euskalduna en una caldera rebosante de un público entusiasta y jubiloso, en buena parte ajeno a la vida musical de la ciudad el resto del año. Ese ambiente especial del festival no tiene nada que ver con el éxito artístico que se alcanzó en el concierto, un éxito elaborado (y sopesado) desde el rigor y sustentado en tres pilares de cuatro: una orquesta en gran momento, una Sociedad Coral reverdecida y un maestro, Yaron Traub, felizmente lejos del escuchado en su último encuentro con Mahler al frente…
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