Discos

Desde las Estepas de Asia central

Raúl González Arévalo
lunes, 24 de abril de 2017
Aida Garifullina: Aida. Arias y canciones de Gounod, Delibes, Rimsky-Korsakov, Chaicovsqui, Rachmaninov y Soloviev-Sedoy. Aida Garifullina, soprano. ORF Radio-Symphonieorchester Wien. Osipov State Russian Folk Orchestra. Cornelius Meister, director. Un CD (DDD) de 58 minutos de duración. Grabado en el ORF Grosser Sendesaal de Viena (Austria) en febrero y marzo de 2015 y mayo de 2016. DECCA 478 8305. Distribuidor en España: Universal
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La búsqueda constante de nuevas estrellas que alimenten el marketing que sostiene la maquinaria de la industria discográfica presenta diversos riesgos, desde quemar a un cantante que no está preparado para las demandas del estrellato y no sepa gestionar una carrera en la que hay que saber qué elegir y cuándo para preservar el instrumento, a la propuesta como excepcional de cantantes que no ofrecen nada de particular. Entre las sopranos, la cuerda más expuesta, se me ocurren casos como el de Nicole Cabell, flamante ganadora del BBC Cardiff Singer of the World, cuyo contrato en exclusiva se quedó en un recital para Decca en 2007 y una ópera (La Bohème en DG junto a Netrebko y Villazón) en 2008; o Measha Brueggergosman, que lanzó dos recitales con el sello amarillo en 2010. Ninguna parece que vaya a continuar una carrera discográfica como estrella de Universal, por quedarnos en su ámbito, aunque se podrían citar más ejemplos. 

Ahora sale “el esperado álbum” (¿esperado por quién? ¿no se trata de una recién llegada al estrellato mercadotécnico, con todo por demostrar?) de Aida Garifullina. La soprano tártara -ciertamente un origen exótico- se presenta tras ganar la edición de 2013 del concurso Operalia de Plácido Domingo, con un recital que explota el tirón operístico de su nombre, Aida, una de las óperas más famosas del repertorio. Para rematar, está fresca en la memoria su participación en la película Florence Foster Jenkins, sobre la vida de la ilustre y desgraciada millonaria americana, protagonizada por Meryl Streep, en la que aparece como Lily Pons con el “aria de las campanillas” de Lakmé. Reconozco que cuando la vi me llamó la atención, sin saber quién era. 

Los discos de presentación siempre son complicados: la exigencia de ofrecer un producto que llame la atención, que sea original y que se adecúe a las posibilidades vocales e interpretativas de los aspirantes no siempre se pueden conjugar fácilmente. En este caso me sobran las dos primeras arias, pero entiendo que para un público occidental un recital a base de repertorio ruso con una desconocida era demasiado arriesgado. En cualquier caso, siendo como se define en las notas de presentación, y como ciertamente es, una soprano lírica con una buena coloratura, tiene poco sentido incluir el “aria de las campanillas”, una de las piedras de toque del repertorio de soprano ligera, y bajarla un tono -se agradece la honestidad al admitirlo- para acomodarla a los medios de Garifullina, que ofrece una buena versión en todo caso. La agilidad es buena, pero carece de la facilidad de la virtuosa nata. Su presencia se explica, naturalmente, por la relación directa con la participación en la película citada. Respecto al “vals” de la Julieta de Gounod, da la medida de una cantante con medios interesantes, pero no de su capacidad dramática, siendo como es una pieza de lucimiento e interpretada como tal en recitales y conciertos. Respecto al idioma, el francés es bueno, a expensas de algunas vocales un tanto abiertas. 

La sensación de falta de naturalidad en el repertorio galo desaparece en cuanto pasamos al ruso. La voz de Garifullina no se puede encuadrar dentro de lo que se define como “voces eslavas”, grandes, con timbres metálicos, y que funcionan muy bien en el repertorio ruso pero ofrecen resultados alternos, menos singulares, en el occidental, y en especial el italiano. Sin embargo, la adecuación idiomática y la naturalidad del estilo son patentes, y la rusa brilla en particular con Rimsky-Korsakov, desde la “Canción India” de Sadko a las dos arias del El gallo de oro, con un “Himno al sol” brillante y un “aria de la seducción” realmente seductora. También destaca la entrada de la protagonista de La doncella de nieve. Este es el núcleo duro del recital, el que justifica su adquisición y hace esperar avances futuros. 

En la misma línea se sitúa la “Serenata”, única escogida de las Seis romanzas, y la “Canción de cuna de Maria” de Mazeppa, ambas de Chaicovsqui. En este mismo escalón se sitúan también las piezas de Rachmaninov, entre las que destaca por su lirismo el Vocalise. Aquí solo cabe aplaudir que la cantante cite como modelo la grabación de Anna Moffo, de la que destaca su mayor pastosidad y riqueza del centro frente a otras voces más ligeras. Las canciones folklóricas tártaras (Allüki, Nana cosaca) no dejan de ser curiosidades, guiños al entorno musical en el que creció Garifullina, agradables, pero sin añadir nada de particular, como tampoco la famosa Las noches de Moscú, en la que la soprano se acompaña con una grabación de la Osipov State Russian Folk Orchestra dirigida por Vitaly Gnutov en 1962. En el resto de números es la ORF Radio-Symphonieorchester Wien la responsable de la parte instrumental y lo cierto es que suena perfecta en cada número, a las órdenes de Cornelius Meister. 

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