La búsqueda constante de nuevas estrellas que alimenten el marketing que sostiene la maquinaria de la industria discográfica presenta diversos riesgos, desde quemar a un cantante que no está preparado para las demandas del estrellato y no sepa gestionar una carrera en la que hay que saber qué elegir y cuándo para preservar el instrumento, a la propuesta como excepcional de cantantes que no ofrecen nada de particular. Entre las sopranos, la cuerda más expuesta, se me ocurren casos como el de Nicole Cabell, flamante ganadora del BBC Cardiff Singer of the World, cuyo contrato en exclusiva se quedó en un recital para Decca en 2007 y una ópera (La Bohème en DG junto a Netrebko y Villazón) en 2008; o Measha Brueggergosman, que lanzó dos recitales con el sello amarillo en 2010. Ninguna parece que vaya a continuar una carrera discográfica como…
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