Hace unas semanas, una mujer paseó por Madrid unos apellidos ilustres. Su trascendencia acentúa la ternura de su nombre, Nuria, como si hubiera sido acomodado allí deliberadamente para amortiguar el impacto histórico que sacude tu cabeza cuando después de unos instantes de duda, pronuncias al fin sin pausa: Schönberg Nono.En un marco tan cargado antaño de progreso como sus apellidos, la Residencia de Estudiantes, Nuria, viuda del compositor Luigi Nono, reveló un hecho insólito: su padre, Arnold Schönberg, adquirió gran parte de sus conocimientos a través de una enciclopedia en alemán por fascículos que recibía cada semana en su domicilio con puntualidad germánica. Es decir, que una de las principales figuras de la música del Siglo XX se hizo compositor por correspondencia. Una sabiduría construida palabra a palabra, letra a letra. Lo…
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