Asistir a un concierto de la Orquesta Joven de Andalucía en los últimos años ha sido, en el peor de los casos, asistir a una experiencia de disfrute y con el convencimiento previo de saber que uno lo iba a pasar bien. Si, además de ello, uno se toma la molestia de conocer un poco más de cerca el trabajo que desarrollan estos jóvenes andaluces en cada encuentro que antecede a los conciertos, la sensación de estar, como mínimo, ante un trabajo bien hecho es evidente. El incuestionable crecimiento artístico que la OJA ha desarrollado en los últimos años con conciertos a un nivel que ya quisiéramos para muchas de las orquestas calificadas como profesionales de nuestro entorno (inolvidables las versiones de las Danzas sinfónicas de Rachmaninov en Sevilla o de la Sinfonía nº5 de Shostakovich en Granada el pasado año, por poner dos ejemplos…
Comentarios