Una de las figuras más inquebrantablemente europeístas en el ámbito cultural de la primera mitad del siglo XX fue el escritor austriaco Stefan Zweig, al que tantas lúcidas reflexiones y buenos deseos debemos al respecto de un continente en el que vislumbraba un futuro sin fronteras: territorio en el que los pasaportes dejarían de ser un impedimento para el libre discurrir de personas e ideas: todo un pensamiento revolucionario de quien contemplaba esa Europa a la que tanto amaba desangrarse en plena Segunda Guerra Mundial. He visto estos días en la gran pantalla Stefan Zweig: Farewell to Europe (2016), (discreta) película de Maria Schrader que me ha vuelto a perturbar, pues, tras haber dejado atrás una posguerra que fraguó lo que tan atinadamente vaticinó Zweig en su exilio brasileño (toda una premonición de la Unión Europea), en la…
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