Cada vez que aparece en el mercado una nueva grabación de la integral de las sinfonías de Johannes Brahms es habitual preguntarse a santo de qué. Sin embargo, cuando uno va a un concierto a escuchar una de esas obras jamás se cuestiona tal cosa. Sería hora, pues, de abandonar esa costumbre y dar la bienvenida a toda nueva aportación a la discografía: nadie está obligado a comprar los discos, los brahmsianos no nos cansaremos nunca de revisitar la cumbre del género, y además (en la mayoría de los casos, como el que nos ocupa) no cuesta dinero a los contribuyentes. Y si encima la cosa tiene interés artístico (como también es este caso), pues mejor que mejor.
Al comienzo de su tercer curso como titular de la Boston Symphony, Andris Nelsons se ha lanzado al ciclo sinfónico de Brahms y el resultado de esos conciertos es lo que se escucha en…
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