Sitúense en Bilbao, mirando hacia el norte. Giren su rostro hacia la izquierda y ahí está Santander, con su Festival Internacional. Giren a la derecha y ahí está San Sebastián, con su Quincena Musical. Ambas son localidades preciosas. Tiren una moneda al aire para decidir si prefieren escuchar la parte principal de ambas programaciones en un lugar o en otro, porque Santander y Donostia funcionan como un espejo. Comparten tantas cosas que hay que cuestionarse sobre sus respectivas personalidades como oferta musical, aunque Quincena parezca imponer un programa algo más ambicioso y extenso.
Quincena Musical da la sensación de estar permanentemente a la búsqueda de un modelo. El año pasado se invocaba a la Budapest Festival Orchestra como orquesta residente, este año ni está la BFO ni se habla de orquesta residente; tampoco quedó claro a qué…
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