Presentado con bombos y platillos como un Don Giovanni ‘high tech’, en una producción ya vista en Londres y que se verá (o se ha visto ya, lo ignoro) en Houston y Tel Aviv, lo primero que puede decirse es que es mucho mejor que la última, hace años, reseñada aquí. Aunque la tecnología a veces parezca una golosina a la que es difícil resistirse, los desajustes provienen de no seguir el libreto, de cortar caprichosamente la ‘unión’ entre la muerte del libertino y la moraleja final (aquí cantada directamente desde el foso, donde también canta el coro en el final del primer acto, sin que se vea la razón). La obsesión de ‘agilizar’ las arias hace que el pobre Don Juan aparezca prácticamente todo el tiempo en escena, y mientras aparecen comprimarios innecesarios (en especial dos especie de momias femeninas que aparecen junto a otras amantes…
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