No admiro especialmente a los críticos atléticos, que en lo que dura una carrera de 10.000 metros ya han escrito sus comentarios a un concierto. Con frecuencia, quizá por impericia, me parece necesario dejar que los días pasen, en un relativo abandono al final del cual mi opinión está fraguada. En el caso del programa final de la temporada de la Sinfónica de Bilbao, interpretado en un ya lejano 9 de junio, la espera ha estado condicionada por mi propia actividad profesional, desusadamente intensa en las últimas semanas, de modo que pido disculpas a los lectores interesados al mismo tiempo que me felicito por lograr sobreponerme a la ya tan intensa tentación de obviar tan importante cita musical.
Las muchas virtudes que atesora la BOS, acrónimo del euskera Bilbao Orkestra Sinfonikoa, quedaron patentes en la Sinfonía número 82 de Haydn, que…
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