Rusia

Un triple estreno

Maruxa Baliñas y Xoán M. Carreira

viernes, 14 de julio de 2017
San Petersburgo, domingo, 2 de julio de 2017. Mariinski II. Sala nueva. Yaroslavna- The Eclipse, ballet en tres actos. Música de Boris Tishchenko. Libreto de Vladimir Varnava y Konstantin Fyodorov. Coreografía de Vladimir Varnava. Galya Solodovnikova, decorados y vestuario. Igor Fomin, iluminación. Ilya Starilov, vídeo. Intérpretes: Daria Pavlenko (Yaroslavna), Alexander Sergeev (Igor), Vasily Tkachenko (Div), Grigory Popov (Konchak), Sofia Ivanova-Skoblikova (Doncella Polotvosiana) y otros. Compañía de Ballet del Teatro Mariinski. Coro y Orquesta del Teatro Mariinski. Ivan Stolbov, director musical. XXV Festival 'Estrellas de las Noches Blancas'

Si ya es excepcional asistir a un estreno, resulta todavía más excitante que el estreno sea triple y triplemente venturoso. Como supongo que le pasa a la mayoría de los lectores, no conocía el ballet Yaroslavna, que llevaba sin interpretarse desde 1988, aunque había sido un gran éxito a partir de su estreno en 1974 en el Teatro Mali (Pequeño) o Musorgski de San Petersburgo y de hecho había estado catorce años en cartel. Me pareció una obra redonda, variada pero organizada y por momentos fascinante.

Pero es que además nunca había escuchado en directo música de Boris Tishchenko (1939-2010), para mí sólo era el nombre de un compositor admirado por Shostacovich, quien lo consideraba uno de los más interesantes de la joven generación. Alumno en el Conservatorio de Leningrado de la maravillosa compositora Galina Ustvolskaya, alumna a su vez de Shostacovich, realizó estudios de posgrado con el propio Shostacovich entre 1962 y 1965. En 1965 se convirtió en profesor ayudante en el Conservatorio de Leningrado y desde 1986 en profesor titular. Tras escucharlo, no puedo más que decir que espero con ansia el momento en que se empiece a interpretar con regularidad en Europa Occidental. Es original, como Ustvolskaya más moderno que experimental (aunque no tan osado como ella instrumentando), y tiene la capacidad de comunicación de los compositores que vivieron la época soviética, en la que la música era un auténtico refugio para mucha gente y no un mero juego intelectual.

Y con el tercer estreno no contaba. Centrada en Yaroslavna y Tishchenko no me había fijado en el coreógrafo, Vladimir Varnava, quien hacía su primera coreografía completa. El resultado fue increíblemente bueno. Es cierto que hubo algunos errores, pero pocas veces tuve tan claro en un primer montaje que Varnava es una figura a considerar. Ya no es sólo que mueva bien a los bailarines, que controle el escenario, que recoja la tradición rusa, es que conceptualmente me impresionó. De hecho, ya no puedo ver la historia del Príncipe Igor del mismo modo, y cuando presencié la ópera de Borodin unos días después me asomaba por momentos el contraste con la Yaroslavna de Varnava.

Varnava trabajó muy directamente con sus bailarines: en una entrevista comenta que le gusta que la obra se vaya definiendo en los ensayos, con la aportación de todos los que en ella participan, lo que significa que la implicación de intérpretes y técnicos es muy alta. Si a esto se une que el reestreno de Yaroslavna era uno de los puntos fuertes del festival de 'Estrellas de las noches blancas' y que el propio Gergiev dirigió las dos primeras funciones, se harán una idea del exquisito cuidado de todos los detalles: un vestuario lleno de simbolismos pero sin complejos (los guerreros como jugadores de hockey), una iluminación nuevamente simbólica que influye mucho, unos decorados casi antiguos en sus materiales pero polisémicos en su función, etc.

No sé si los bailarines eran los mejores posibles. No conozco la compañía del Mariinski hasta ese punto. Sólo puedo decir que Daria Pavlenko (Yaroslavna) es una bailarina de primera categoría, perfectamente integrada en la tradición pero sin problemas para incorporar nuevos lenguajes, muy lírica y sobre todo comunicativa. El papel de Igor no exigía grandes saltos ni bravuras, pero sí un gran uso de la pantomima, en lo que Alexander Sergeev se mostró un maestro. Al igual que Pavlenko es buen comunicador y su Príncipe Igor -ya lo comenté- me dejó marcada. Div es el demonio de la guerra (este tipo de personificaciones del mal son muy típicas en el ballet soviético) y en condición de tal es neutral, independiente e imparcial respecto a los contendientes: su trabajo es azuzarlos y enconarlos, a él sólo le interesa la mayor destrucción posible. Por lo tanto el papel de Vasily Tkachenko volvía a ser en buena medida pantomímico, pero en su caso con una mímica exagerada, que por momentos -actuación y vestuario- me recordó la ópera china. Los números de conjunto estaban muy bien concebidos y no fueron la típica agrupación de bailarines haciendo lo mismo al mismo tiempo. Aunque evidentemente se mantenía un orden y una coherencia, cada bailarín trabajaba independientemente, estaba individualizado.

En resumen, creo que Gergiev y los programadores de 'Estrellas de las noches blancas' acertaron al plantear la recuperación de esta obra como un momento fuerte del festival. Desde el punto de vista histórico, si El príncipe Igor es una obra de propaganda colonial, al servicio de los intereses de expansión territorial del zarismo, la conquista del Lejano Este; Yaroslavna nos ofrece la perspectiva de 2017, que prima el respeto intercultural y la convivencia de los pueblos. Por eso para Varnava Div no es tanto un ángel exterminador cuanto el reflejo de nuestros propios prejuicios y miedos. Por eso la visión femenina y sobre todo pacifista de Varnava me ha marcado. La historia del Príncipe Igor no es una historia de guerra, es una historia de sufrimiento, de sangre, de empeños inútiles, de falta de comunicación, y principalmente de estupidez humana. 

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