Si le gustan los montajes conceptuales, absténgase. Esta es una producción a la 'vieja usanza', con montones de boyardos, doncellas, soldados, bailarinas e incluso caballos auténticos en escena. ¿Una exageración? Ciertamente. Pero montajes de este tipo, sobre todo en una ópera tan básica como esta en cuanto a ideología, siguen siendo un placer. Y además en franca desaparición porque los teatros actuales no se pueden permitir el desembolso de un montaje de esta categoría, que mantiene en escena en algunos momentos a unas cien personas, aunque luego puedan pagar lindezas como un problemático toro de 1500 kilos en escena (Moisés y Aarón de Schoenberg en el Teatro Real de Madrid)
La producción es de 1954, aunque fue renovada en 2001, y se enmarca dentro de una política que mantienen tanto el Teatro Bolshoi de Moscú como el Mariinski…
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