Cuando reseñamos en Mundoclasico.com la edición discográfica de las Donaueschinger Musiktage del año 2008 (NEOS 10944), una de las partituras que con mayor énfasis destacamos fue Die Tänzerin (2008), quinta sinfonía de un compositor, Brice Pauset (Besançon, 1965), para cuya mejor comprensión a nivel estético nos remitimos a un texto en el que el propio Pauset rescataba un término, «Erstarrte Schatten», por él relacionado con la materia y su ausencia. En Die Tänzerin ello se materializaba en una reflexión sobre la relación entre los sonidos-figura y los sonidos-fondo, mostrando el compositor galo un especial interés por los ruidos y las sonoridades 'colaterales', algo que lo acercaba al universo técnico-estilístico de uno de sus maestros, el alemán Helmut Lachenmann...
...son reflexiones que se vuelven a asomar (y a ser válidas) al…
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