Rusia

De suelo a techo

Maruxa Baliñas
jueves, 3 de agosto de 2017
San Petersburgo, miércoles, 12 de julio de 2017. Mariinski III. Sala de conciertos. A Midsummer Night's Dream, ópera en tres actos de Benjamin Britten sobre un texto de Britten y Peter Pears, basado en la obra homónima de William Shakespeare. Claudia Solti, directora de escena y creadora del concepto de producción. Diseño de producción, Isabella Bywater. Diseño de iluminación, Jennifer Schriever. Intérpretes: Artyom Krutko (Oberon), Olga Pudova (Tytania), Alexei Soldatov (Puck), Mikhail Kolelishvili (Theseus), Anna Kiknadze (Hippolyta), Alexander Timchenko (Lysander), Sergei Romanov (Demetrius), Regina Rustamova (Hermia), Oxana Shilova (Helena), Andrei Serov (Bottom), Vitaly Yankovsky (Quince), Stanislav Leontiev (Flute), Vladimir Miller (Snug), Dimitry Koleushko (Snout), Alexander Gerasimov (Starveling), y otros. Grupo de acróbatas y extras. Coro infantil y Orquesta del Teatro Mariinski. Director musical, Vladislav Karklin. XXV Festival 'Estrellas de las noches blancas'.
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Aunque el programa del Festival no indicaba nada, y por lo tanto -dado que era en la Sala de Conciertos del Mariinski- supuse que se trataba de una versión de concierto, al llegar me encontré con una versión escénica bastante completa, con la única particularidad de que como el escenario es pequeño para hacer ópera, se representaba 'verticalmente'. O sea, gran parte de la escenografía se desarrollaba en altura, con artistas acróbatas que se colgaban y volvían a desaparecer por trampillas en el techo, y manejaban unas amplias telas que servían para indicar algunos elementos de la escenografía, y a veces hacer aparecer y desaparecer a los personajes. A eso se unía una iluminación muy variada y trabajada, una buena dirección dramatúrgica y unos cantantes que también se manejaban en altura. El resultado fue muy atractivo, aunque necesita algunos ajustes para evitar cierto tedio en los efectos.

Hija del director Sir Georg Solti (1912-1997), Claudia Solti (1973) se formó principalmente en Gran Bretaña y esta fue -según creo- su primera producción operística, aunque ya había dirigido anteriormente cine y teatro. Como debut no estuvo mal: esta versión de El sueño de una noche de verano ganó diversos premios en Rusia el año de su estreno, 2011, incluido un Golden Mask y el Golden Sofit (2012), que pocas veces se conceden a no-rusos. Posteriormente, en 2015, realizó para el Mariinski otra producción, La Traviata, de la que no tengo referencias. El concepto de Solti es correcto, la idea de aprovechar la altura de la sala es buena; algunas partes, como las del grupo de actores, están bien trabajadas, resultan naturales y al tiempo imaginativas; pero las figuras que bajan desde el techo y al llegar a cierta altura dejan caer largas telas que crean columnas, de las que a veces salen otros personajes, acaban hacièndose repetitivas, porque casi siempre se trabajan del mismo modo. 

 

Se aprovecha además un segundo espacio, el fondo del escenario, donde hay una estructura estrecha, que sin embargo permite crear otra perspectiva en altura. En esta zona aparecen casi exclusivamente Oberon y Puck, en algún ocasión Titania, pero nunca las parejas de humanos, ni mucho menos los actores. Aquí se proyectan además imágenes videográficas que amplían la perspectiva.

Pero si el espacio está bien trabajado, y los extras y el coro infantil que hace los papeles de duendes, hadas y ayudantes diversos están bien ensayados y son bastante convincentes, el problema se plantea con los cantantes a los que se les exige un trabajo actoral importante, e incluso complicado en cuanto a agilidad física en algunos momentos, que no todos son capaces de cumplir. Para mí el principal problema estuvo en Puck y en cierta medida en Oberon. Alexei Soldatov fue el Puck menos interesante que ví nunca, resultaba pesado de movimientos, su repertorio de gestos era mínimo y algunos -sacar la lengua, humillarse ante Oberon- no parecían tener relación con la acción. Artyom Krutko era muy ágil a la hora de moverse y controlaba bien el espacio, pero como en el caso de Puck no siempre parecía tener sentido lo que hacía y además era demasiado mayestático, por lo que no acababa de encajar en la magia de esa noche de verano en la qua tantas locuras pasaban.

Vocalmente la cosa fue mejor para Krutko, al igual que para su reina, Olga Pudova, una cantante que me gustó mucho: tenía un timbre bonito, proyectaba bien la voz, y resultaba creíble. Muy lograda la parte de su enamoramiento de Bottom y su horror al despertar. Las dos parejas de Lysander, Demetrius, Hermia y Helena cumplieron muy bien su parte y sería difícil destacar a alguno. Oxana Shilova (Helena) tenía una voz dulce que se adecuaba a su papel y capacidad de empatía. Sergei Romanov (Demetrio) también tiene una voz bonita y maneja bien las dinámicas. Regina Rustamova (Hermia) tuvo un par de errores de afinación que no empañaron un desempeño satisfactorio. Alexander Timchenko es un miembro importante de la compañía del Mariinski y consiguió que su papel de Lysander pareciera más destacado que el de sus compañeros.

El grupo de actores fue uno de los puntales de la representación. Sus ensayos eran un soplo de aire fresco en una representación que a ratos parecía fría y poco comunicativa, correcta en el aspecto formal pero sin esa alegría o locura que se asocia con esta ópera. Ellos pusieron la humanidad y la sonrisa. En el último acto hicieron un Pyramus and Tisbe que pareció corto cuando en realidad la ópera ya estaba en las tres horas cumplidas (los descansos en el Mariinski son bastante largos) y después de ellos la despedida de Titania y Oberon ya casi sobraba. Los mejores lógicamente fueron Vitaly Yankovsky (Quince), quien se erigía en centro de la escena cada vez que aparecía, y Andrei Serov (Bottom), enternecedor tanto en sus amores como en sus desamores.

Como otras veces me quedé asombrada de la calidad del Coro Infantil del teatro, ya que fueron cuatro niños -todos varones- los que hicieron los papeles de hadas y además de actuar espléndidamente, no dudaron en cantar sus partes con decisión, naturalidad, claridad y potencia cuando les tocó. Otros niños y niñas del coro actuaron como duendes, el resto de las hadas, e incluso el pequeño niño que se disputan Oberon y Titania, además de contribuir a realizar cambios de escena y ayudar con las gigantescas telas.

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