Hay conciertos que a priori atrapan y mueven al oyente, no solo por un repertorio atractivo sino para conocer músicos que invitó la dirección artística de la orquesta. En este caso, esto es lo que sucedió no tanto por la excelente ejecutante venezolana pues desde el inicio de la Sinfónica local, siempre han venido notables músicos de esa nacionalidad, sino por la infrecuente presencia de un director norteamericano en el podio. Se trata del maestro Glenn Block, nacido en Brooklyn, que en rigor no solo es un renombrado pedagogo sino que dirige con un estilo muy particular. Es de los conductores que dejan respirar la orquesta, que indican lo imprescindible, con una gestualidad simple, sencilla, nada ampulosa y que cada tanto detiene sus brazos, sus manos, como quien escucha el sonido que es capaz de emitir su grupo de dirigidos. No estuve…
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