Parece que este año le toca al mito de Tito clemente que nunca existió. Aparte de Baden-Baden y Salzburgo, también Glyndebourne decidió montar una nueva producción con dirección escénica de Claus Guth un director que tiende a protagonizar él cualquier obra con ideas tan interesantes como paralizantes de cualquier acción teatral. También aquí debimos seguir a Tito saltando una carrera de obstáculos constantes interferencias. “¡Esta obra también es mía!” parecía decirnos el regisseur a cada rato. En el programa de mano Guth advierte que él quiere profundizar en la soledad de Tito y las contradicciones de los demás personajes. ¡Cuánto mejor hubiera sido que se quedara en la superficie!
¿Cómo lo hace? Por comenzar, nos muestra durante la obertura y en varios momentos claves una peli con dos niños, Tito y Sesto, jugando en el pajonal que…
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