Discos

La Europa que imagina el futuro

Paco Yáñez

lunes, 4 de septiembre de 2017
Pierluigi Billone: ITI KE MI; Equilibrio. Cerchio; Sgorgo Y; Sgorgo N; Sgorgo oO. Yaron Deutsch, guitarra eléctrica. Marco Fusi, viola. Benoit Piccand y Luca Piovesan, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 67:01 y 74:26 minutos de duración grabados en el BlowOutStudio (Italia) y en la Universidad de las Artes de Berna (Suiza), en septiembre de 2015, y mayo y diciembre de 2016. Kairos 0015019KAI (ITI KE MI; Equilibrio. Cerchio) y 0015016KAI (Sgorgo).

El pasado 3 de agosto fallecía en Viena, de forma inesperada, uno de los productores más imaginativos y necesarios de la escena discográfica europea: el austriaco Peter Oswald (1953-2017), fundador en 1999 -junto con su mujer, Barbara Fränzen- del sello Kairos, una aventura fonográfica que desde sus comienzos nos llamó poderosamente la atención por lo selecto de su catálogo, dedicado a buena parte de los compositores más innovadores y trascendentes de la contemporaneidad: los Luigi Nono, Morton Feldman, Helmut Lachenmann, Giacinto Scelsi, Salvatore Sciarrino, Gérard Grisey, Beat Furrer, Hans Zender y un largo etcétera que incluyó (en tiempos de bonanza económica, con el apoyo de nuestras espoliadas cajas) una sección de música española actual por la que pasaron, entre otros, José María Sánchez-Verdú, Alberto Posadas, Manuel Hidalgo, Mauricio Sotelo, Ramón Lazkano, Elena Mendoza o Hèctor Parra.

Pero la responsabilidad (y la ética artística como productor) de Peter Oswald al frente de Kairos no se limitó a difundir registros de los grandes compositores de la segunda mitad del siglo XX, sino que progresivamente fue dando voz a los jóvenes creadores del siglo XXI, mostrando cómo los rizomas del estilo se actualizan en y desde nuestros días, poniendo de relieve la intensa vitalidad y la gran calidad que destila la música de creación actual. El italiano Pierluigi Billone (Sondalo, 1960) es un buen ejemplo de ello, pues en él se unen los dos grandes bloques del catálogo de Kairos, como representación que es de lo más sustantivo de la composición actual, al tiempo que su música nos conduce a los grandes maestros de la contemporaneidad, ya que Billone fue un destacado alumno de Helmut Lachenmann y Salvatore Sciarrino. En los dos compactos que hoy reseñamos se percibe la impronta de ambos maestros, así como la voz de un Pierluigi Billone que los trasciende para alquitarar un estilo propio, reconocible y reconocido como una de las aportaciones artísticas más destacadas a la música de hoy.

La partitura para viola sola ITI KE MI (1995) es reveladora al respecto: el instrumento se reafina por completo, de modo que su sonoridad se desliga de la tradición improntada en sus cuerdas (se adscribe a su actualización, en todo caso), algo que se agudiza por las tan diversas técnicas y modos de ataque, que comprenden todos los elementos del arco (cerdas, madera y metal), así como la propia mano del viola y al instrumento en su totalidad. Ello nos remite, inmediatamente, a la música concreta instrumental de Helmut Lachenmann, tan profundamente asimilada por Billone, si bien en el italiano hay una sensualidad y una tensión continua que recuerda a Salvatore Sciarrino, con un flujo imparable que podemos leer desde el proteico diálogo con la historia que se produce en la música italiana contemporánea. Ello se traduce en una actualización y sucesión de técnicas extendidas que crea corrientes extenuantes para el intérprete, por su intensidad y alta demanda gestual, así como por sus conscientes significaciones. Una mirada a la partitura de ITI KE MI (presente en el libreto del compacto) nos revela la naturaleza tan rugosa y gráfica del pensamiento musical de Billone, con una notación que parece un (muy bello) cuadro abstracto habitado por profusos brochazos musicales. Desde sus nebulosas y trazos, el viola italiano Marco Fusi lleva a cabo un trabajo de gran refinamiento técnico; a la par, imaginativo y riguroso, para dar salida a una partitura que alberga tantos posibles, aquí materializada en 33 minutos de una música magnética como rumor de tiempos actualizados.

Dos décadas posterior es Equilibrio. Cerchio (2014), una obra (con casi idéntica duración que ITI KE MI) en la que Billone se limita a menos de una octava en la viola, lo que da lugar a un trabajo microscópico de gran concentración. Marco Fusi se adentra en un mundo de tensiones en las que se pretende eliminar la percepción del arco en su habitual recorrido en dos direcciones, sustituyendo éstas por un movimiento circular que se refuerza por las dobles cuerdas, de modo que la polifonía multiplica el movimiento y lo desliga de sus sentidos tradicionales. De este modo, el ejercicio de meditación que Equilibrio. Cerchio supone puede permitirse, de nuevo, una tensión constante, una respiración circular que va sumando técnicas y sonidos a su desarrollo. Tal y como Fusi nos indica en sus notas, si bien ITI KE MI suponía un movimiento progresivo, un torrente que avanzaba sin detenimiento, Equilibrio. Cerchio representa el espacio revisitado, el presente y el momento habitados de forma extendida, sin desarrollo ni evolución, tan sólo como estado sonoro al tiempo solidificado y móvil.

Aunque también escrito para un instrumento de cuerda, el tríptico Sgorgo (2012-13) nos ofrece un paisaje sonoro radicalmente distinto en cuanto a naturaleza tímbrica, si bien marcada de nuevo por la intensidad, la búsqueda de nuevos derroteros acústicos y la inventiva. Escrito para el guitarrista israelí Yaron Deutsch (fundador y director artístico del Ensemble Nikel), el tríptico comienza con Sgorgo Y (2012), una obra en la que el amplificador adquiere un protagonismo crucial, al aislar los sonidos de la guitarra y sostenerlos, lanzándolos al silencio a modo de largas fermatas diversificadas en sus texturas por el zumbido del amplificador. De ahí viene uno de los focos de interés principales en Sgorgo: el estudio del tiempo y sus procesos de dilatación a través de medios eléctricos, algo que Billone explora por medio de sonidos tanto aislados como masivos, así como por la alternancia de dinámicas y su extensión temporal vía pedal. Los distintos grados de relación entre el cuerpo del guitarrista, su instrumento y la parte eléctrica del mismo sintetizarán también esa fusión de tiempo y espacio tan recurrente en el tríptico. Ello se deriva, asimismo, del homenaje que en Sgorgo Y Pierluigi Billone realiza a Allan Holdsworth, guitarrista británico de fusión célebre por su legato, que aquí se obtiene por medio de toda una plétora de técnicas entrelazadas que conciernen a ambas manos, superando la dicotomía habitual en el medio, pues la izquierda no sólo da la altura, sino que alquitara todo un paisaje sonoro propio mediante el rasgueo, el tapping y el roce de diversos objetos contra las cuerdas sobre el mástil, lo que refuerza el carácter polifónico en los compases más masivos (algo que, según Barbara Eckle, determina el carácter de catedral sonora que la partitura alcanza, por su resonancia de larga distancia, cual eco viviente en las bóvedas de una basílica).

Sgorgo N (2013) se inspira (su inicial lo desvela) en Luigi Nono. Como la obra tardía del compositor veneciano, la partitura explora la interioridad del sonido y su concentración, aquí en un registro bajo que se contrae y expande, jugando con la vibración y el desdoblamiento, como el clarinete o las voces tratadas vía electrónica en las piezas tardías de Nono. De este modo, se establece un fuerte contraste con la expansiva y monumental Sgorgo Y, de la cual parece restar tan sólo el origen de sus procesos de desplazamiento, siendo este momento inicial explorado en detalle. Al exhaustivo análisis de un sonido en la guitarra, desnaturalizada de sus técnicas convencionales por completo, se une en diversos momentos lo que podríamos decir sonidos desdoblados: fantasmagorías acústicas provocadas por la reverberación o el pedal, lo que crea un noniano y sugerente efecto de canto sospeso en el que la nota claramente definida en la guitarra adquiere un mayor cuerpo, mientras que ese sonido fantasma que la acompaña flota y se disuelve en el aire de modo evanescente e indefinido como altura: mezcla de nota y eco.

Sgorgo oO (2013) podríamos decir que sintetiza las dos primeras partes del tríptico, puesto que, tal y como sucedía en Sgorgo N, volvemos a encontrar una guitarra monofónica, muy concentrada en sus rangos expresivos, apenas expandidos en dos notas por medio del efecto sintetizador; si bien a ello se suma una proliferación en diversos momentos y grados de tensión de dichos materiales, así como súbitas irrupciones y contrastes entre notas, más violentos y guitarrísticos, además de en claroscuro, con notas de registro muy grave junto a otras hirientes al oído, agudizadas ambas vía pedal para modelar esta escultura sonora de un modo plasmático que es perfecta unión de Sgorgo Y y Sgorgo N. Indudablemente, influye en lo cohesionado del ciclo la presencia en las tres piezas del dedicatario de Sgorgo, Yaron Deutsch, guitarrista que lo dio a conocer y que aquí lleva a cabo un ejercicio de control de su instrumento de obligado conocimiento para quienes deseen conocer las nuevas rutas de la guitarra en el siglo XXI.

Las grabaciones de ambos compactos, como era de esperar en obras tan delicadas tímbricamente, son soberbias, haciéndonos habitar las interioridades tanto de la viola como de la guitarra eléctrica. La edición es la habitual de Kairos: magnífica, con numerosas fotografías, (fascinantes) ejemplos de partitura (para enmarcar, la de ITI KE MI) y ensayos muy sustanciosos a cargo de Marco Fusi, Yaron Deutsch, Barbara Eckle y Jonathan Hepfer, este último realizando un personal recorrido por la obra y los posicionamientos estéticos de Pierluigi Billone, destacando sus valores intrínsecamente musicales, así como su conexión con tantos creadores (Tarkovski, Matta-Clark, Giacometti...) como nutren el pensamiento artístico del compositor italiano. Dos muestras, por tanto, de un compositor de una potencia expresiva fascinante; y dos ejemplos de la importancia del proyecto puesto en marcha en 1999 por un Peter Oswald al que siempre estaremos, por ello, agradecidos, y al que ya echamos de menos, aunque sabemos que Kairos se encuentra en buenas manos para seguir ampliando nuestros horizontes sonoros, imaginando el futuro de la música europea.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Kairos.

 

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