Estados Unidos

Decoraciones Marta Domingo

Manon Lescaut

lunes, 15 de abril de 2002
Nueva York, lunes, 1 de abril de 2002. The Metropolitan Opera House, Nueva York E. Wolf-Ferrari, Sly Marta Ornelas, Dirección Escénica. Michael Scott, Escenografía y Vestuario. Duane Schuler, Iluminación. Maria Guleghina (Dolly), Plácido Domingo (Sly), Juan Pons (Westmoreland), John Fanning (John Plake). Orquesta y coros del Metropolitan Opera House. Dirección musical: Marco Armiliato. Ocupación: 100 %. Nueva producción.
En una semana de óperas como la que pasé en Estados Unidos, quedarme en el hotel la noche del uno de abril habría sido lo más sensato. Sin embargo, el morbo me pudo y allí fui al Metropolitan para estrellarme con Sly de Ermanno Wolf-Ferrari. No satisfecha con la catástrofe liceísta de hace un par de años, decidí enfrentarme a la producción de la afamada escenógrafa Marta Ornelas de Domingo. Pero no estaba sola. Estaban también Domingo y la Guleghina.Ahimè! Ahimè! Che furia! Uno alla volta per carità! Cuando uno tiene que comentar un espectáculo así preferiría que las cosas fuesen pasando una por una, tal y como dice el 'Fígaro' de El barbero de Sevilla. Sin embargo, todos esos nombres juntos eran difíciles de digerir, a pesar de la presencia de Joan Pons en el escenario, único solaz en la borrasca que se avecinaba.Domingo hizo pensar en que no se puede estar uno reservando todo el rato para lucirse en momentos concretos, pero como es habitual consiguió convencer con su intervención. El tormento de Sly fue hecho suyo. La voz corre como siempre y la carne en el asador está con todas sus consecuencias. El espléndido crítico italiano Andrea Merli -colaborador habitual de Mundoclasico.com- supo describirlo perfectamente a propósito de un reciente Sansón y Dalila.Juan Pons es un excelente 'Westmoreland', aunque es obvio que el papel no da mucho más de sí. La que estuvo, sin embargo, muy justita fue Maria Guleghina como 'Dolly'. Esta chica se queda siempre a medias. Parece dramática y es lírica y cuando uno espera una lírica, sale una dramática. Pero de ninguna de las maneras es capaz de llegar al sobresaliente.Armiliato mantuvo la tensión en el foso y acompañó bien. Pero lo mejor, créanme, lo más gracioso, fue la puesta en escena de Marta Domingo. ¿Recuerdan La Traviata de Sevilla? Pues igualita. Cuando uno llama a una empresa de decoración, le ponen los sofás bien colocaditos y las luces orientadas de modo que se aprovechen bien para leer o cenar. Aquí es donde Marta Domingo triunfa. Ella sabe que para cenar, es agradable disponer de luz cenital y que la iluminación indirecta proyecta sombras sobre la mesa. Sin embargo, una puesta en escena no es una labor de decoración en la que prima el fluctuante concepto de buen gusto. Por eso la puesta en escena de Marta Domingo no decía nada, igual que la citada del Maestranza de Sevilla. Lo que sorprende es que un teatro como el Met se rinda a los amores del divo y contrate a su esposa por el simple y llano hecho de serlo.En todas partes cuecen habas y en el Met, afortunadamente, poquitas.

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